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Gilbert 03

La Cúpula del Humor se reúne con Chávez

Por Gilberto González

En esa misma onda conciliadora y de reencuentro en la que anda últimamente Gustavo Cisneros, yo, en nombre de los humoristas de Venezuela, quise propiciar también un encuentro con Chávez. La idea era sentar las bases de un acuerdo nacional. Abonar el terreno para el resurgimiento de la paz y, aún con ideas contrarias, fomentar la discusión y el diálogo entre las partes en un país dividido y contaminado con la violencia. Un pacto mutuo de no agresión pues; a pesar de que yo, "La Colomina Paralela", no tengo la menor intención de abandonar mi show con el muñeco de "Esteban de Jesús", pero sí podría hacer una tregua temporal hasta el RR. Dialogar con Chávez… la tarea no era fácil. Para empezar había que hacer la reunión en territorio neutral. No conseguimos ninguno, así que decidimos montarnos en la parte trasera de una camioneta 350 con barandas y techo de lona (por si llovía). Ningún lugar tan neutral como ese ya que bajamos en "neutro" por Tazón una y otra vez. De subida no hablábamos. Sólo lo hacíamos de bajada cuando íbamos en "neutro". Todos los humoristas habían llegado a la cita. Se reunieron frente a Venevisión, en la Quinta La Guadalupana, donde por cierto, días después, hicieron un allanamiento y consiguieron un lotecito de armas. Si lo hubiéramos sabido cambiamos el sitio del encuentro. Pero ahí están las oficinas del desaparecido programa "Cheverísimo" donde se fraguaron las famosas conspiraciones de "La Reconstituyente" y "El Pantaletazo" y por ende, era muy frecuente ver a muchos humoristas en ese lugar. Estaban allí: Laureano Márquez, Emilio Lovera, Wilmer Ramírez, Claudio Nazoa, Cayito Aponte, Rolando Salazar, Alejandro Corona, Pedro León Zapata, Graterolacho y Don Oscar Yánes. A mí me pasaron recogiendo por la casa del Embajador Shapiro quien me estaba dando las últimas indicaciones para… eeeh… bueee… darme unos consejitos de autoayuda. En Fuerte Tiuna recogimos a Chávez quien traía puesto el uniforme y cargaba un guante y una pelota en sus manos. Se notaba que el zurdo venía de jugar béisbol. -Buena señal- me dije, -debe estar de buen humor-. En la parte trasera de la camioneta habíamos colocado una mesa redonda donde había "güisqui der gueno" en unos coolers de Power Ranger que había llevado Claudio Nazoa, quien hacía alusión a la espirituosa bebida mientras, picoso, veía a Chávez con el rabo del ojo. Cayito siguió con las ironías al decir que había traído un dulcito de lechosa que él mismo había preparado. En ese mismo instante, Zapata comenzó a hacer una caricatura de un beisbolista con una camisa de fuerza y Graterolacho comenzó a cantar "¡¡¡por si acaso yo no vuelvo me despido a la llanera… despedirme no quisiera tengo una deuda habaneeeeera!!!. Rolando Salazar tenía rato transmutándose en sus acostumbrados personajes y al imitar al Presidente hacía hincapié en aquella vez que le dijeron que estaba "agüevoniao". Chávez lo veía e insistía en que cometía un gran error. Laureano y Wilmer aprovechaban las pausas de Rolando para disertar humorísticamente sobre las metidas de pata del prócer de Sabaneta. Emilio Lovera entró al baño y salió convertido en Chepina. Se acercó a Chávez y lo trató como si fuera Chacón. "¡¡¡Sucios, todos los hombres son unos sucios!!!. ¡¡¡Chúpate esa mandarina!!! remató Don Oscar Yánes, mientras yo aprovechaba la ocasión para disfrazarme, buscar el muñeco y salir vestido de "La Otra Colomina" diciendo que Chávez tenía que afeitarse de espaldas y con la luz apagada porque si se veía en el espejo se arrechaba. Chávez me miró en silencio y volvió a decir que estábamos equivocados. Todos nos reíamos y por ratos nos quedábamos callados ya que nos tocaba subir y la camioneta no iba en neutro; así que esperábamos la bajada para volver a estar en zona neutral y así poder hablar. Chávez nos miraba callado. Sólo atinó a decir que todos estábamos confundidos. Zapata le recordó lo de "¿Cuánto te pagaron por esa caricatura?". Chávez no reconoció haber hecho tal pregunta. Yo le dije lo de haberme llamado travestí y también lo negó. Laureano se encargó de recordarle lo de llamar "tumor" a la Iglesia; "plasta" a la decisión del TSJ; "capo" a Gustavo Cisneros. Wilmer Ramírez trajo a colación lo de mandar a "echarse cremita" a los gringos y lo de ir a ver a Saddam Hussein porque le daba la real gana. Oscar Yánes le reprochó esa constante batalla contra los medios y le recordó que gracias a ellos se hizo popular. Chávez continuaba diciendo que estábamos equivocados; que él jamás había hecho eso de lo que lo acusábamos. Llegamos a pensar que Chávez estaba loco o que era un mitómano compulsivo. Emilio me hizo una seña extraña por detrás de él. Luego me di cuenta del error que habíamos cometido. Ese hombre al que habíamos paseado una y otra vez por la bajada de Tazón no era Chávez. Mejor dicho, sí era Chávez pero no Hugo. Era otro zurdo, moreno y también orejoncito: Endy De Jesús Chávez el extraordinario bigleaguer venezolano de los Expos de Montreal. Habíamos metido la pata hasta el fondo pero igual lo volvimos a dejar en Fuerte Tiuna y nunca entendimos por qué él nos esperó allí. Quizás el otro Chávez nos hizo trampa y convenció a Endy para engañarnos. Todavía está pendiente una reunión con Hugo.

Junio/2004

Gilberto González

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