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La
Cúpula del Humor se reúne con Chávez
Por
Gilberto González
En esa misma onda
conciliadora y de reencuentro en la que anda últimamente Gustavo Cisneros,
yo, en nombre de los humoristas de Venezuela, quise propiciar también un
encuentro con Chávez. La idea era sentar las bases de un acuerdo nacional.
Abonar el terreno para el resurgimiento de la paz y, aún con ideas
contrarias, fomentar la discusión y el diálogo entre las partes en un país
dividido y contaminado con la violencia. Un pacto mutuo de no agresión
pues; a pesar de que yo, "La Colomina Paralela", no tengo la menor
intención de abandonar mi show con el muñeco de "Esteban de Jesús", pero
sí podría hacer una tregua temporal hasta el RR. Dialogar con Chávez… la
tarea no era fácil. Para empezar había que hacer la reunión en territorio
neutral. No conseguimos ninguno, así que decidimos montarnos en la parte
trasera de una camioneta 350 con barandas y techo de lona (por si llovía).
Ningún lugar tan neutral como ese ya que bajamos en "neutro" por Tazón una
y otra vez. De subida no hablábamos. Sólo lo hacíamos de bajada cuando
íbamos en "neutro". Todos los humoristas habían llegado a la cita. Se
reunieron frente a Venevisión, en la Quinta La Guadalupana, donde por
cierto, días después, hicieron un allanamiento y consiguieron un lotecito
de armas. Si lo hubiéramos sabido cambiamos el sitio del encuentro. Pero
ahí están las oficinas del desaparecido programa "Cheverísimo" donde se
fraguaron las famosas conspiraciones de "La Reconstituyente" y "El
Pantaletazo" y por ende, era muy frecuente ver a muchos humoristas en ese
lugar. Estaban allí: Laureano Márquez, Emilio Lovera, Wilmer Ramírez,
Claudio Nazoa, Cayito Aponte, Rolando Salazar, Alejandro Corona, Pedro
León Zapata, Graterolacho y Don Oscar Yánes. A mí me pasaron recogiendo
por la casa del Embajador Shapiro quien me estaba dando las últimas
indicaciones para… eeeh… bueee… darme unos consejitos de autoayuda. En
Fuerte Tiuna recogimos a Chávez quien traía puesto el uniforme y cargaba
un guante y una pelota en sus manos. Se notaba que el zurdo venía de jugar
béisbol. -Buena señal- me dije, -debe estar de buen humor-. En la parte
trasera de la camioneta habíamos colocado una mesa redonda donde había
"güisqui der gueno" en unos coolers de Power Ranger que había llevado
Claudio Nazoa, quien hacía alusión a la espirituosa bebida mientras,
picoso, veía a Chávez con el rabo del ojo. Cayito siguió con las ironías
al decir que había traído un dulcito de lechosa que él mismo había
preparado. En ese mismo instante, Zapata comenzó a hacer una caricatura de
un beisbolista con una camisa de fuerza y Graterolacho comenzó a cantar
"¡¡¡por si acaso yo no vuelvo me despido a la llanera… despedirme no
quisiera tengo una deuda habaneeeeera!!!. Rolando Salazar tenía rato
transmutándose en sus acostumbrados personajes y al imitar al Presidente
hacía hincapié en aquella vez que le dijeron que estaba "agüevoniao".
Chávez lo veía e insistía en que cometía un gran error. Laureano y Wilmer
aprovechaban las pausas de Rolando para disertar humorísticamente sobre
las metidas de pata del prócer de Sabaneta. Emilio Lovera entró al baño y
salió convertido en Chepina. Se acercó a Chávez y lo trató como si fuera
Chacón. "¡¡¡Sucios, todos los hombres son unos sucios!!!. ¡¡¡Chúpate esa
mandarina!!! remató Don Oscar Yánes, mientras yo aprovechaba la ocasión
para disfrazarme, buscar el muñeco y salir vestido de "La Otra Colomina"
diciendo que Chávez tenía que afeitarse de espaldas y con la luz apagada
porque si se veía en el espejo se arrechaba. Chávez me miró en silencio y
volvió a decir que estábamos equivocados. Todos nos reíamos y por ratos
nos quedábamos callados ya que nos tocaba subir y la camioneta no iba en
neutro; así que esperábamos la bajada para volver a estar en zona neutral
y así poder hablar. Chávez nos miraba callado. Sólo atinó a decir que
todos estábamos confundidos. Zapata le recordó lo de "¿Cuánto te pagaron
por esa caricatura?". Chávez no reconoció haber hecho tal pregunta. Yo le
dije lo de haberme llamado travestí y también lo negó. Laureano se encargó
de recordarle lo de llamar "tumor" a la Iglesia; "plasta" a la decisión
del TSJ; "capo" a Gustavo Cisneros. Wilmer Ramírez trajo a colación lo de
mandar a "echarse cremita" a los gringos y lo de ir a ver a Saddam Hussein
porque le daba la real gana. Oscar Yánes le reprochó esa constante batalla
contra los medios y le recordó que gracias a ellos se hizo popular. Chávez
continuaba diciendo que estábamos equivocados; que él jamás había hecho
eso de lo que lo acusábamos. Llegamos a pensar que Chávez estaba loco o
que era un mitómano compulsivo. Emilio me hizo una seña extraña por detrás
de él. Luego me di cuenta del error que habíamos cometido. Ese hombre al
que habíamos paseado una y otra vez por la bajada de Tazón no era Chávez.
Mejor dicho, sí era Chávez pero no Hugo. Era otro zurdo, moreno y también
orejoncito: Endy De Jesús Chávez el extraordinario bigleaguer venezolano
de los Expos de Montreal. Habíamos metido la pata hasta el fondo pero
igual lo volvimos a dejar en Fuerte Tiuna y nunca entendimos por qué él
nos esperó allí. Quizás el otro Chávez nos hizo trampa y convenció a Endy
para engañarnos. Todavía está pendiente una reunión con Hugo.
Junio/2004

Gilberto González
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