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Izar
la dignidad
Una clase típica de
cuarto grado un día como el de hoy, 12 de marzo, la maestra reparte entre
sus alumnos unas hojas blancas. En el papel está el contorno del pabellón
nacional esperando ser coloreado, y entonces la docente, tratando de
calmar a esa intranquila tropa que solo espera el timbre del recreo,
comienza su magistral explicación:
Niños...,
la franja de arriba es amarilla..., agarren el creyón de ese color, y
rellénenla...
A
los pocos segundos no faltará un pequeñuelo que replique con lógica
curiosidad...
Maestra,
maestra... ¿y por qué es amarilla...?
En
ese momento la maestra se infla, toma aire de erudita y de inmediato les
lanzará el patriótico rosario: -
El amarillo representa las riquezas del país, el azul el océano que nos
separa de la Madre Patria.., y el rojo, la sangre derramada para
liberarnos del yugo español... Ahhh, y antes que lo pregunten, las siete
estrellas son las provincias que se unieron a la declaración de
Independencia..
La
inocente historia contrasta con otra, plena de picardía, donde
encontramos a un Generalísimo en las suyas, con una fama de “Don
Juan”, propia de los héroes románticos herederos del furor de las
Revoluciones Americanas y Francesa. Un Miranda galante..., es abordado por
una bella dama (una de tantas) en un baile de la nobleza europea, poco
antes del inicio de la gesta precursora en Venezuela...
Dígame Generalísimo... (desliza la hermosa mujer), ¿
cómo será esa bandera que le acompañará en su lucha por América..?
El
héroe universal, no desperdicia el momento para la gloria como soldado..,
y caballero, claro está:
Amarilla
como su cabellera..., azul como sus ojos.. y roja como sus labios...
Ambas situaciones nos
retratan sin duda parte de lo que es la idiosincrasia criolla. Primero,
sus amantes de la epopeya, de la heroicidad, admiradores de las causas
sustentadas por los más nobles principios de justicia, libertad e
independencia...; herencia gloriosa de los Padres Libertadores... Pero a
la vez somos auténticos, joviales y el buen humor jamás nos
desampara....
La bandera está más reivindicada que nunca en nuestro tiempos. Si
alguna vez el tricolor ha sido un símbolo de la venezolanidad, de la unión
popular, de la fuerza del civismo ante el poder de la autocracia,
tendremos entonces que escribir una página más que especial con este
convulsionado presente. La bandera nacional dejó de ser un mero objeto
decorativo, otro elemento de coreografía en alguna inútil bailoterapia
en el asfalto capitalino.., para transformarse en el arma del ciudadano,
empuñada con energía, agarrada con suma emoción,
que desconcierta a quienes desean llevarle al indeseable terreno de
la barbarie.... Banderas que se agitan pidiendo democracia, más y mejor
democracia... Banderas que ondean reclamando respeto, unión y
tolerancia.... Y es que, sin duda.. Venezuela ha logrado izar en lo más
alto, su dignidad...
Juan Ernesto Paez-Pumar

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